El negocio de la seguridad y sus certificaciones

Las normas de la UE son directrices voluntarias en las que se establecen parámetros técnicos  que se pueden aplicar a cualquier tipo de producto, por ello debemos prestar atención al porqué, del valor de las cosas pero con el precio justo.

Renacen como  champiñones al igual que en una campiña inglesa, los lideres asesores de seguridad de reconocido prestigio «sin animo de lucro». Asesores que dicen haber escrito libros de manera desinteresada y altruista para informar al desprotegido ciudadano (no les quitaré su mérito), que no esconden sino que otra cosa que potenciar y fomentar normativas de las que han sido los principales promotores haciendo publicidad basada en sus intereses.

Si es cierto que es muy importante testar y certificar un producto, al menos para demostrar al comprador que el producto que se le vende, tiene ciertas características al igual que lo hacen muchas empresas fabricantes en productos de seguridad, pero ello sin pretender desmerecer al resto de fabricantes.

Teniendo en cuenta que certificar un producto, sea cual sea, se requiere la intervención de un instituto acreditado, además de una empresa auditora de RE-conocido prestigio internacional (suma y sigue).

«Al negocio hay que echarle billetes».

Hay empresas privadas que se han atrevido a certificar sin estar acreditadas para ello, tal y como se detalla en el siguiente enlace muy interesante.

El negocio es tan redondo que se llega a auspiciar una norma aprovechando la psicosis ciudadana que tenemos por la seguridad.

El presupuesto entre pitos y flautas para que una prueba sobre una puerta se pueda certificar (y ésta se pase a la primera), tiene un coste que podría superar los 10.000 euros por modelo. Si a esto se le suma que se pretenda que todos los años dichas normas, sean verificadas por estas empresas auditoras privadas «sin animo de lucro», es imposible que una puerta acorazada de seguridad cuando hablamos de cierto grado y siguiendo la retahila de gastos, pueda costar menos de 1000 euros (siempre que hablemos de calidad).

Si no eres un verdadero experto y no sabes como hacer que una puerta acorazada sea muy segura y pretenda estar homologada, te puedes dejar en el camino muchísimo dinero. ¿Quien gana cada vez que intentas superar dichas pruebas? No tenemos que ser muy listos para darnos cuenta de ello.

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El coste aproximado por certificar un modelo es de alrededor 10.000 euros aproximadamente por puerta y prueba.

La empresa que no tiene posibilidades de auditar sus puertas está abocada al cierre, por que no nos engañemos, a las personas nos gusta comprar como dice el dicho, bueno, bonito y barato aunque ello no sea compatible.

Producir de media una puerta acorazada con altísima calidad, a nosotros nos cuesta como mínimo alrededor de 850 euros + iva con tecnología punta. Si a esto se le añaden cerraduras y cilindros de alta gama, paneles, jambas, anchos de muro y tapajuntas macizos de madera además de herrajes de muy buena calidad, etc, etc, nosotros tenemos que hacer verdaderas virguerías para dar al usuario final un producto de primera, sin fallos y además certificado.

Es normal que los «perfectises« asesores, auspicien la compra de dichas puertas de grado 3 desde 3000 euros sin pestañear… pero es cierto que podemos encontrar superpuertas en el mercado por menos de 2000 euros que dan muy buen resultado frente al robo, pero ya saben que, cuantas más especias le echamos al caldo, mejor nos sabe.

A partir de aquí, ustedes son libres de pagar chorizo a precio de Jabubo

 

 

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